
Hace ya tanto tiempo que te fuiste que me cuesta recordarte,
y sin embargo, no consigo olvidarte.
Yo era casi un niño cuando me abandonaste
para irte a tu rincón de la eternidad.
Fue tanto amor lo que me diste en tan poco tiempo,
que, aun hoy, cuando recuerdo esos momentos
pasados a tu lado, las caricias y los cuentos en tu regazo,
hacen que vuelva a sentirme niño.
Son muchas lunas las que llevo sin ti, pero todavía,
cada vez que mis fuerzas flaquean,
recurro a tu energía y a tu espíritu.
Gracias Abuela.
Gracias por todo lo que hiciste y aun haces por mi.
Un beso te mando, allá donde estés,
esperando que lo recibas, como siempre,
con una sonrisa.
Ángel
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